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domingo, 15 de diciembre de 2019

Llegar a la tercera edad en América Latina




Llegar a la llamada tercera edad o la vejez debe considerarse toda una bendición si tienes en cuenta que has superado enfermedades, accidentes, catástrofes naturales, cambios sociales y has logrado alcanzar los años dorados de tu vida, no se trata solamente de llegar sino saber llegar, en buenas condiciones de salud, rodeados de amigos, familiares, seres queridos, en un hogar con todas las comodidades y sobre todo con un buen plan de retiro, después de cierta edad dependiendo el país donde vivas ya no contratan personas mayores, los puestos y las vacantes de trabajo son para los jóvenes que cuentan con mayor energía o simplemente se les paga un salario mucho menor por su falta de experiencia.
 
En América Latina, llegar a la vejez puede ser todo un reto, la carencia de planes de pensión, difícil acceso a los centros de salud, pocas o inexistentes instituciones dedicadas a la atención de los adultos mayores y el elevado costo de los medicamentos, hacen que todo se convierta en un calvario, sin contar con los bajos ingresos que reciben nuestros viejitos con una pensión irrisoria después de toda una vida de trabajo.
 
Existen países desarrollados o los llamados del primer mundo en donde la atención a la población en condiciones de vejez alcanza niveles de excelencia, reciben pensiones cónsonas con el nivel de vida que llevan, cuentan con centros de atención médica de primera categoría, instituciones dedicadas a atenderlos, legislación que protege sus derechos y medicinas a bajos costos sino gratis.
 
El país que me vió nacer y donde actualmente resido, Venezuela, atraviesa una de las peores crisis económicas de su historia, con una hiperinflación, un mercado dolarizado y salarios de fantasia, llegar a la tercera edad es toda una calamidad, desde hace unos diez años comenzó el éxodo venezolano, médicos, ingenieros, maestros, técnicos de todas las especialidades, albañiles, pintores, electricistas, mecánicos e incluso artistas han salido del país cual si se tratara de una guerra, con la particularidad de que aquí aún no ha sonado el primer disparo, solo nos derrumbamos con un bloqueo comercial que poco a poco nos asfixia más, ya la moneda de curso legal es algo inexistente, solo en la mente de los patronos y del gobierno hace presencia, en la vida cotidiana solo se habla de dólares, hasta en la más humilde bodega llega alguien pidiendo “un dólar de queso blanco llanero”, toda una paradoja, si pensamos en aquellos valientes que recorrieron nuestra llanuras para libertar el país de la opresión extrajera en la guerra de independencia.
 
Lo cierto es que una considerable masa de la población a migrado a diferentes destinos, atrás dejaron apartamentos, casas, negocios, fabricas y locales comerciales vacíos, solo tienes que salir a circular en carro por cualquier zona entre las 7 y 8 pm, edificios enteros con las luces apagadas como muestra de que nadie los habita, calles oscuras y una infinidad de comercios cerrados, todo el que pudo se ha ido del país, solo dejaron atrás a los viejitos, sus padres y abuelos, quienes no pueden llegar trabajando en otros país y se convierten en una carga económica difícil de soportar “no te preocupes papá, yo te mando dinero”, es la promesa que siempre se escucha en el aeropuerto antes de la partida, la realidad desafortunadamente termina siendo otra muy distinta.
 
Desde mi retiro y por necesidad económica comencé a trabajar en el negocio de uno de mis cuñados, un local de venta de víveres al detal, llámese abastos, bodega o por el nombre que se desee darle por su tamaño, atender al público requiere preparación, sobretodo estar apresto a las diferentes situaciones que sobrevienen, mucho más en las condiciones tan deplorables de nuestra economía, a diario llegan personas pidiendo “un pedacito de queso que no cueste más de diez mil bolívares (0,20 dólares)”, cosa que no debe asombrarnos si tenemos en cuenta que la pensión mejor pagada del país no supera los 16 dólares y el kilo de queso blanco tipo llanero (es el más económico), cuesta 2,5 dólares al cambio en bolívares al momento de escribir estas líneas, un medicamento puede oscilar entre los 2 dólares (un jarabe para la tos) o cerca de 17 dólares (un antibiótico), hace unos días uno de los simpáticos viejitos que son clientes en la bodega me dijo “estoy entre la espada y la pared, mire la lista de medicinas que debo tomar, o las compro y me muero de hambre o compro comida y me muero de mis afecciones de salud”, yo le pregunte por sus hijos y familiares obteniendo como respuesta lo que muchos de mis clientes ya me han dicho “están en otro país, ya nadie se acuerda de este pobre viejo, ni dinero me mandan”.
 
Con todo lo anterior yo me pregunto ¿Dónde están los planes de protección social del estado?, yo se que existen, al menos en papel, los conozco, se que existen instituciones como el seguro social, planes y misiones para la tercera edad, en teoría deberíamos estar viviendo en un país ideal para envejecer, pero en la práctica todo se está volviendo nada, solo discurso y demagogia, sabemos de la crisis económica, sabemos de la existencia de un dólar paralelo que nos castiga y destruye, del bloqueo internacional, pero yo me pregunto ¿si hay dinero para otras cosas, porque no hay para mejorar las pensiones, los centros asistenciales, la salud pública y sobre todo, el acceso a medicinas por parte de nuestros viejitos?
 
Cada día los veo pasar frente al negocio, algunos están en los huesos de tanto peso o masa corporal que han perdido, fueron abogados, empresarios, maestros, médicos e ingenieros, ahora se están convirtiendo en los invisibles de nuestra sociedad, pongamos nuestro grano de arena a favor de sus derechos, finalmente todos o al menos los que más suerte tengamos llegaremos a viejos, si se puede llamar suerte a esta realidad tan dura.
 

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